Federer ya no es tan perfecto

En este blog no voy a hablar de las delicias de Roger Federer, de su buen hacer, de la carrera de una leyenda. Desde hace algunos meses se oyen voces críticas con el tenista suizo… y en su propia casa, donde crecen a pasos agigantados los seguidores de Rafa Nadal. Su renuncia al torneo de Basilea en octubre pasado (y, al parecer, sus altísimas pretensiones económicas) y su último no a la primera ronda del Grupo Mundial de Copa Davis (algo que viene siendo habitual en su carrera) han sido los detonantes.

En octubre pasado se supo que su participación en Basilea podía ser la última. Informaban desde Suiza que si Roger era un fiel a la cita no era sólo por el placer de jugar en casa… sino unos suculentos 500.000 dólares libres de impuestos (son los llamados fijos que, aunque no reconocidos, funcionan en todas partes menos en los grandes torneos del calendario, léase Grand Slams y Masters 1000) que se unían al premio en metálico que consiguiera. Dicen que a Federer eso le parecía poco y que, si querían volver a verle competir en el St. Jakobshalle, la cifra inicial debería ir del millón y medio a los dos millones de dólares. Los suizos se echaron las manos a la cabeza.

“No somos Qatar”, clamaba el presidente de la Federación Helvética, René Stammbach, uno de los más críticos con Roger pese a reconocerle todos sus méritos. Sus últimas declaraciones, tras saberse que Federer no estaría en el duelo frente a República Checa de la próxima semana, no tienen desperdicio: “¿Qué queréis que haga? ¿Que me ate a un monumento?¿Que corra a suicidarme? ¿Que me rompa la cara con su mánager? Es inútil que hable con Roger aunque quisiera… Y tengo que decir que Roger Federer no debe nada a la Federación ni a su país. Dicho esto, Roger prometió a sus compañeros que les ayudaría. Fue hace tres años y yo estaba allí”.

La Federación Suiza trasladó el duelo de Basilea a Ginebra -dicen que a petición del propio Federer porque en su casa se sentiría demasiado presionado para jugar- pero se temía lo peor. El tenista dijo entonces que no decidiría su concurso hasta que planificara su calendario. Todo señalaba que los iba a dejar en la estacada pero seguían confiando. Rebajaron el número de asientos en el Palexpo de Ginebra: de 5.500 a 3.800.  ”2.600 están ocupados, no vendidos”, ha explicado hace un par de días Stammbach, dolido por el juego de su estrella porque “queríamos iniciar la venta (mediados de noviembre pasado) sin ninguna duda sobre la presencia de Roger. Los aficionados creen que nosotros creamos un falso suspense sobre eso y después han llegado las quejas”. Para rematar,  las televisiones tampoco se han interesado por el duelo, pese a que se enfrentan a los vigentes campeones de la Davis, los checos. No está el más mediático de todos.

Y Federer lo hizo público en Australia con dos escuetas palabras: “no estaré”. Ante la insistencia de algunos colegas suizos, Roger explicó que había tomado la decisión “hace año y medio”. ¡Vaya! Fue en ese momento cuando se ha abierto una brecha con uno de sus máximos defensores, Stanislas Wawrinka, segunda raqueta suiza. “Lo supe en octubre, mientras jugaba en Shanghai. Roger no deja de repetir desde hace años que la Copa Davis es importante para él, pero no parece que eso sea así. Es cierto que el tenis es un deporte individual y es normal que cada uno se concentre en su carrera, pero entendía mejor sus decisiones en el pasado que ahora. Aparentemente, la Copa Davis no es tan importante para él y me entristece que siempre lo cambie todo a su conveniencia”, ha dicho reiteradamente a medios suizos. Los hechos hablan por Stan: desde 1999, y con dos únicas excepciones (2003, año en que Suiza llegó a semifinales y el año pasado), Federer sólo ha acudido en ayuda del equipo en una eliminatoria al año. Normalmente, para salvar la presencia en el Grupo Mundial de la Davis.

Roger se defiende. Dice que no es cuestión de dinero sino de planificación. Y ahí también Stammbach se muestra implacable. “Los jugadores protestan contra un calendario cargado… y entonces se marchan dos semanas a Sudámerica sin su familia para jugar partidos de exhibición”. ¡Pam! Aunque lo más impactante es esto: según publica ‘Le Matin’, una fuente que prefiere guardar el anonimato asegura que el problema es que “pese a que Roger adora la Copa Davis y quisiera jugar, ha hecho esa concesión a la familia. Y si él no toma otra postura es porque provocará un montón de problemas. Todos generados por Mirka (su mujer). Ella es quien manda y, en ese papel, es ella quien permite a Roger dedicarse totalmente al tenis”. Durísimas palabras, como las que siguen: “Tienen dos hijas y Mirka quiere que crezcan en casa. Y su obsesión es que la gente se aprovecha del nombre de Roger, incluida la federación. Por eso la pareja se rodea de gente destacada, famosa, con ellos no hay ambigüedades. Y, por otro lado, Roger es un gran jugador, puede volver a ser número uno y él lo sabe así como también es consciente de las fragilidades que vienen con la edad y él tiene 31 años. Y la Copa Davis no le permitiría volver a estar en lo más alto… que es lo que le motiva”.

Quizá la descripción que mejor defina la situación de Roger Federer sea la del diario ‘Der Tages Anzeiger’: “En la pista juega como si fuera un jugador de otro planeta, pero fuera de ella es más terrenal de lo que queríamos admitir. Un tanto imperfecto y muy humano”.

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