No sé vosotros pero yo echo de menos a Simoncelli. Y más de lo que me podía imaginar. El Mundial no ha hecho más que empezar, los escenarios se suceden, las batallas prosiguen pero notas que falta algo. A la salsa del Mundial en la categoría reina le falta un poco de picante, una ‘especie’ que realce el gusto, el sabor de la competición pura y dura. Y esa especie picante se llamaba Marco Simoncelli.
Miro las carreras de MotoGP, las imágenes del podio y todo es tan bucólico que parece irreal; Stoner, Lorenzo y Pedrosa felicitándose de súper buen rollo en el parque cerrado cuando hace un minuto se estaban jugando el físico. Antes, Rossi era el encargado de poner el contraste, de tensar el ambiente con su presencia. Valentino sonreía el que más pero provocaba la cara de póker de más de uno dentro del ‘corralito’. Y Simoncelli tomó su relevo mientras su amigo se peleaba con la Ducati.
Sí, yo fui uno de tantos periodista de demonicé a ‘Sic’ porque era una ‘amenaza para los nuestros’. En el GP de Portugal, Marco y Jorge protagonizaron un rifirrafe de los buenos en la rueda de prensa tras la sesión de clasificación; la discusión parecía sacada de un western y que por momentos iban a sacar sus colts. Lorenzo tenía la pole y ‘Sic’ el segundo mejor tiempo. Pero ahí quedó, ganó Pedrosa por delante de Lorenzo y Simoncelli no acabó la primera vuelta en Estoril. Un GP después Marco se llevó por delante a Pedrosa en Le Mans y le arruinó la temporada. En Catalunya logró su primera pole en MotoGP; en ‘casa’ de Lorenzo y Pedrosa. Y en Assen se llevó ‘puesto’ a Lorenzo tras caerse. Era la guerra y ‘Super Sic’ el enemigo.
La cuerda se fue tensando y tensando. Y nosotros, unos cuantos, no todos, íbamos metiendo leña al fuego. Pero un compañero de profesión me enseñó el ‘Super Sic’ que no conocía y Marco acabó por conquistarme, tanto por sus virtudes como por sus defectos; un Simoncelli natural, sin endulcorantes y ni colorantes. Pero desgraciadamente todo acabó en Malasia.
Veo las carreras de Moto2 y Moto3, en grupo, aguerridas y disputadas hasta el final, al límite… O más allá. Y después de tragarme MotoGP mi añoranza crece por Simoncelli. No quiero ni imaginar lo que será para su familia y sus amigos; para un Rossi con más problemas de los deseados con la Ducati y sin su amigo con quien compartir las penas y las alegrías.
Parece que Cal Crutchlow podría tomar su relevo al inquietar al trío de los ‘Fantásticos’. Lorenzo ya le envió una misiva tras la fogosidad del británico en las vueltas iniciales del GP de Jerez. Pero me da la sensación que el piloto de Tech3 no se va arrugar y luchará con lo que haga falta; no en vano es campeón del Mundo de Supersport, una jungla al estilo de Moto2 pero con mucha más solera. Porque al fin y al cabo, no nos engañemos, las carreras de MotoGP necesitan algo más de emoción, como la que aportaba Simoncelli. Incluso Jorge (Lorenzo) me reconocía que lo echa de menos, como persona y como piloto; porque para el balear Super Sic era un grandísimo piloto a pesar de su gran rivalidad.


